1ra.Iglesia Presbiteriana San Fernando

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Historias

Mientras la escuchaba, pensaba que no la haría cambiar de opinión. Sus explicaciones no sirvieron. El corazón de la profesora estaba endurecido como una piedra. Le decía: “usted es la responsable de su hijo, yo no. ¡Debe venir con sus tareas! ”. Se levantó y con lágrimas se retiró sin decir palabras. Trabajaba todo el día de lunes a sábado y llegaba muy cansada, cuando su hijo ya casi dormía. Quien lo cuidaba, no quería ayudarlo. Ella asumía su responsabilidad; pero esperaba comprensión, que le creyeran, y ayuda. Sabía que no podía dejar de trabajar. Se sentía culpable y sola.        

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

(Mateo5: 7)